Siempre me ha gustado la geometría.
Mi abuelo materno fue una gran influencia en mi vida. De niña, él y mi abuela me cuidaban mientras mis padres salían a trabajar. Fue profesor de artes industriales y a veces sacaba su rato para explicarme conceptos de geometría y dibujo técnico de una manera que pudiera entenderlos fácilmente. Con una pizarra improvisada en su taller, usaba la tiza y dibujaba figuras para que pudiera aprender sin problema.
Yo era una niña que, a la tierna edad de 9 años, no solo era capaz de entender conceptos como la circunferencia y el radio de un círculo, sino que lograba distinguir un dibujo en vista isométrica de uno en vista caballera.
Dios sabe cuánto me ha ayudado eso en la vida.
Pero también lo veía trabajar. Era un hombre muy activo, y con más de 70 años, realizó muchos proyectos en mi casa mientras crecía. Al día de hoy hay portones y rejas metálicas con diseños varios, muros y entradas con arcos, baldosas colocadas en los baños con secuencias repetitivas, y uso de materiales como madera para dar textura y calidez.
Todavía recuerdo verlo medir una y otra vez antes de cortar y soldar las piezas de un portón para unos vecinos. Siempre decía «medir 3 veces y cortar 1».
Tal vez por crecer rodeada de estos patrones visuales, me ha sido fácil identificarlos a mi alrededor. Y aunque amo las estructuras geométricas, puedo ver patrones no solo a nivel visual como en la arquitectura o la naturaleza, sino en muchos otros contextos, como la matemática, la música, la lógica de programación, e incluso en comportamientos.
La Biblia es un ejemplo muy claro de esto. En ella se presentan distintas situaciones que, en contextos diferentes, se repiten o se relacionan. Hasta cierto punto, los patrones nos dan una visión clara de las cosas, algo predecible qué esperar. Nos enseñan qué sucede cuando existe la repetición.
Hay algo fascinante, por no decir inexplicable satisfacción, en poder ver el movimiento uniforme o secuencial de las cosas, y como estas construyen un todo más grande que sus partes. Poder apreciar la textura visual de los elementos, sea rítmica o aleatoria, genera en mí una sensación de paz. Me recuerda como es Dios mismo, un Dios de orden y estructura.
¡Claro, no puedo obviar la belleza de la presencia de anomalías! Pero podemos hablar después de eso.
Los patrones están en todas partes, son parte intrínseca de nuestras vidas. Hoy te invito a que busques patrones a tu alrededor, a observar con detenimiento lo que te rodea y encontrar un ritmo en tu diario vivir.


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